lunes, 23 de marzo de 2015

Cincuenta Sombras de Gray: Un fenómeno social o un comportamiento impuesto

Tengo cinco conjuntos sexys de ropa interior en mi cajón, cada cual más transparente que el anterior. Es ponérmelos y pensar en una copa de vino y un apuesto varón que, con sus grandes aptitudes y su enorme riqueza, logren sacarme de esta triste realidad. Y sí, digo triste realidad porque parece que todo lo que escape de estos límites es una tortura inexplicable. Y aquí está el boom de los libros eróticos del siglo XXI.

Es entrar en una librería y que el primer estante tenga un colorido rojizo que dibuja figuras sensuales, con tanta delicadeza que parece que todos sean la copia de una misma portada. Sí, sí, señoras y señores, me refiero a 50 sombras de Gray. ¡Qué libro! Un conjunto de tinta que para nada ha suscitado a la indiferencia. Y, para aquellos que no lo hayan leído, tranquilos, no es de vital importancia (puesto que hay innumerables copias sutiles, si es menester decirlo, que juegan con el mismo patrón narrativo).

Con esto, un café amargo (que no es para nada un vino de alta gama) y un cigarrillo de liar, debo decir que después de licenciarme o graduarme o  ¿tener la E.S.O después de cuatro años de estudio en filología? (tendré que preguntarle al ministro de educación) no entiendo cómo puede alcanzar tanta fama este libro.

Volviendo a lo que me refería, después de cuatro años de estudio para ser considerada filóloga (¡Vaya como Anastasia Steele!) debo decir que ningún varón apuesto, en realidad ningún varón, me ha regalado la primera edición del <em>Quijote.</em> Qué jodida mi trayectoria universitaria, pues. Sí, JODIDA. Salgo de esta universidad sin conocer a nadie que tenga suficiente dinero como para complacerme literariamente. Y nada que decir sobre cómo deben complacerme en la cama. Seré escueta: Una chica, del “montón” encuentra a un “buenorro” (mierda, este adjetivo sustantivado no lo acepta el corrector, no importa, tampoco se acepta tanta ficción en una narrativa tan mal escrita y vende) y así, muy resumidamente, la chica se somete a los traumas de un amado incomprendido (sigue estando bueno) que ha sido maltratado durante su infancia y eso se proyecta hacia la relación “amorosa”, si cabe decirlo así, en una especie de encuentro sexual sodomizado. Está bien, pero es sodomizar de manera light, así como si las caricias quemaran (tampoco hay penetración anal, puntualizo) y brutal en el nivel de la mujer. Y es que seguimos con el fenómeno Disney pero con sexo explícito: princesita necesita ser rescatada, a base de latigazos, por un APUESTO príncipe.

Y no es extraño pensar en cómo se debe reaccionar ante un "boom" de tanta habladuría puesto que, a nivel literario y social, lo que se nos está demostrando es que la mujer licenciada en literatura que, a mi parecer debe ser culta y saber qué caminos escoger en las repercusiones que ofrece nuestra historia, acepta el comportamiento abusivo del PODER encarnado en un varón que está en el puesto número uno del canon y todo se le perdona por “ser así” (comportamiento “justificado” por un pasado). Del mismo modo, no está de más preguntarse cómo un argumento tan pobre y abusivo ha podido generar tanta expectación y aplausos ante una sociedad que debería, creo, valorar los ecos del pasado.

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