lunes, 23 de marzo de 2015

Perdona si te llamo amor: La cosa trata sobre el amor

He guardado toda la lencería provocativa para sumergirme en una nube de azúcar, empalagosa y un tanto aburrida. “La razón está en cómo trata el amor” me decían mis compañeras y compañeros de trabajo. Está bien, pensé, leamos el famoso libro de Moccia: Perdona si te llamo amor.

Sinceramente, me han faltado cervezas para ver el encanto de la escritura y qué decir del insulso argumento. Eso sí, he aprendido la importancia del reciclaje y que una lectura fácil que trate sobre el amor, con una gran diferencia de edad, tiene mayor aceptación social. Y sí, para afirmar esto me basta recurrir a la novela de Nabokov: Lolita. A diferencia del de Moccia, Nabokov logra que el lector empatice con Humbert Humbert, a pesar de la perversión del relato, por la gran majestuosidad de su escritura. En cambio, Moccia alcanza la fascinación en su lector por recurrir a la banalidad de lo que la sociedad anhela: el período del amor romántico  que, por desgracia para el que admire el libro, la realidad es que esta etapa suele durar entre dos y tres años.

Dejando esta pincelada de comparación, en la que no quiero profundizar ahora, vuelvo a centrarme en Perdona si te llamo amor. Ciertamente, estamos ante un libro que nos presenta un personaje con un dolor bastante común: que nos deje nuestra pareja. ¿Solución? Comprarse coches carísimos. ¿Final? (si no has leído el libro, no padezcas, el spoiler es evidente desde las primeras páginas) el abandonado se lleva a su jovencita, sigue con su cochazo y  pasa del whisky a la Coca-Cola.

¿Cómo entender por qué gustan este tipo de argumentos? Pues bien, como ya he mencionado antes, creo que los amantes de estos libros se han quedado en la etapa del amor romántico. Sí, la etapa en que, indiferentemente de la edad que tengas, te comportas con cursilería (capaz de superar el algodón de azúcar de las ferias) con tu pareja. Pero eso cambia. El romanticismo inicial acaba por convertirse en un esfuerzo diario para mantener el amor pero, como ya se sabe, no siempre se logra esa comprensión mutua y ese afecto duradero. Es por ello y por, insisto, por una lectura fácil que el lector ya no está en una franja de edad de catorce años (edad "aceptable" para leer este tipo de libros, a pesar de que yo los quemaría todos) sino que acaba abarcando edades comprendidas entre los veinte y los cuarenta años.

Realmente, bravo a las escrituras por buscar una solución fácil y sin apenas sustancia que consiguen entender cómo gustar en un período de crisis donde el amor se refleja en carreras de coches, en el síndrome de Peter Pan y en títulos que llevan el sinónimo de BDSM. Entre muchos otros elementos, si lo que se busca es una ficción que embellezca la realidad aconsejo buscar obras que, aunque parezcan ser más difíciles y necesiten más tiempo para su lectura, puedan mantener ocupadas nuestras mentes intelectualmente y no en chorradas como en sentirse desdichados por no tener a un Alex o una Nikki en nuestra vida.

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